sábado, 8 de enero de 2011

Tus días de nada lo son todo para mí.

Un periodista y Poeta llamado Guillermo F. Rojano escribió algo que lleva el nombre y apellido de mi padre:

No cabe ninguna duda de que nos estamos todos muriendo. La perogrullada viene siempre a la hora en que alguien nos recuerda que el oxígeno es una cabeza de aguja que nos pincha en la sangre. Trivialidad de la muerte frente a la enorme trivialidad de la vida, una evidencia tan estricta que intenta imponerse como mito, pero ya hace mucho tiempo que le arranqué la cabeza a los pocos mitos que me quedaban. Ahora sólo queda un pequeño matiz: el dolor. Hace unos cuantos años, cuatro quizás, Juan Antonio me llamó para concertar una cita y presentarme a un amigo suyo que quería enseñarme un libro de poemas que había escrito. Pasamos la tarde con vino, que es como la vida se adecenta. Anteayer, Juan Antonio me dio la noticia de la muerte de Alfonso Lechuga. En seguida tiré del libro, una fotocopia del manuscrito, encuadernado con gusanillo y pastas azules. Y aquí comienza la injusticia que cometemos contra los seres humanos cuando mueren. Y por esa sola evidencia, al hablar de ellos, la injusticia se vuelve contra nosotros, contra los que creemos que estamos vivos simplemente porque hemos pronunciado una palabra tras la muerte.
El libro de Alfonso Lechuga tiene por título "Días de nada" y está dedicado a Carmen. Creo que sí es de justicia contra el absurdo decir que es un libro valiente. Cuando lo escribió él no tenía ni la más mínima idea de que le quedaba poco tiempo para enfrentarse a esa perra que ladra sangre en el lugar más iluminado de un día cualquiera. Y será de justicia, una justicia que nadie pide, una forma de hablar, una forma de cubrirnos, que yo aquí deje constancia de esa ética literaria. No sé si le habrá servido. No sé si importa. Yo escribí una vez "moriré de puro obvio" y Antonio Gala me dijo que no. Qué sabía él. Y la palabra poética, si de algo tiene que huir, es de lo obvio. O sea, de la muerte. Alfonso dice en un poema "No pido nada /Haré lo que deba/No rogaré por mí. Moriré siempre/Antes, si así lo deseado". Es un libro conceptual no hay entretenimiento en las imágenes, no sirven las imágenes para acompañar a la nada, le sirven para significar la emoción, y el trazo, el ensamblaje, convierte a su autor en poeta, aunque jamás se le recuerde en ningún diccionario de autores.
Y es que esa forma de escribir traduce una situación ante la vida, un estilo, un modo de dialogar con lo otro, un riesgo que no necesita grandes artilugios para dejar constancia de sus arrestos. La sensación es seca: Certeza vital: "Pasa a hora segura/ el camión de la basura". Este pareado no es un ripio, es una ironía sobre la hora del encuentro con lo obvio. "Llegarán días de nada/Aquellos que aunció el Tao/porque lo que nunca puede ser/No hubo nunca de haber sido/ La duda/La verdad/¡Anhelo de asertos!/Nada es nada/ Queda dicho/Esperar, esperar/a que amanezca". Ya ha amanecido, Alfonso. ¿Y ahora qué?

Guillermo F. Rojano.


...tus cajas llenas de poemas que iré descifrando poco a poco para sentirte más cerca. 



El Maestro de Escuela- René Magritte